Juegos del Trono: Rey vs Rey

En esta casa de putas en la que han convertido mi amada España, no iba a ser menos el que hasta hace poco era el Jefe del Estado. Y es que anda la gente revuelta por una exclusiva dada con veinte años de retraso. En 1996 y 1997, el CNI gastó cientos de millones de pesetas de los fondos reservados, para lubricar los bajos fondos de una vedette reservados al monarca. Concretamente de Bárbara Rey, que con ese apellido llenaría de orgullo y satisfacción al Borbón, dada la tendencia a la endogamia de las monarquías.

Aquí todo el mundo sabía y todos callaban en una suerte de omertá, la ley del silencio italiana, como italiano también es Juan Carlos I, el Conquistador de Meretrices. Mediante este código de “honor” se prohibía informar sobre estos asuntos, por lo que los periodistas callaban como profesionales del amor. Pero a las prostitutas hay que pagarlas, claro, y el dinero fluía a las redacciones cual soberano esperma.

Toda esta lluvia dorada la pagábamos a escote los españolitos en la España que se inauguraba con la sacrosanta transición. Cuando el Borbón iniciaba sus discursos con lo de “La Reina y yo”, quizás se estaba refiriendo a la reina del destape, que no era otra que Bárbara Rey . Y es que tras la muerte de Franco lo que se coronó, más que su regia testa, fue su testosterona, dando inicio a los años bárbaros en los que todavía vivimos.

Los cortesanos juancarlistas a lo suyo: será un putero, pero es nuestro putero. Por lo vulgar de recurrir a las vulpes en el argumento, tiran de mantra: la monarquía es barata. Olvidan el lamparón en sálvese sea la parte, que supuso que el Emérito apareciera en la lista Forbes de las mayores fortunas del mundo. Una fortuna, la del Borbón, hecha a base de borbotones de comisiones, esta vez del petróleo kuwaití. “El mejor embajador” que hemos tenido nunca, ha resultado ser el mayor intermediario de la historia patria.

Así ha podido dedicarse a vivir como un rey y follar como El Campechano, conocida como es su afición por la cacería, tanto de noche como de día. Lleno está el pendón real de muescas de “amigas entrañables” como en su momento se calificó a Corinna. Y lleno también está de cornamentas el pabellón de caza regio, presidido por una foto de la Reina con su sempiterna cara de griego. Su mayor trofeo sin embargo es el oso Mitrofán, aunque tuvieran que emborracharle para darle caza. Al oso. Eso sí, nunca ha cazado un elefante blanco, que eso hubiera sido como el tiro al pié que se arreó su nieto Froilán.

De esa época, la del Elefante Blanco que nunca llegó al Congreso el 23-F, dicen que data su amistad con María García García, la conocida como Bárbara Rey. Los Pactos de la Moncloa de su amigo Suárez incluyó un pacto con la Zarzuela, cediéndole a la domadora y poniéndola al servicio, secreto, de su majestad. Sí la CIA veía al monarca como “pararrayos” contra el golpe militar, ahora sabemos quien hacía de “toma de tierra”. Pero la de Totana, con un equipo comprado en La Tienda del Espía, y esto es verídico, supo poner de los nervios al CESID.

Sexo, mentiras y cintas de vídeo. Más le valdría a su sucesor, Felipe VI El Preparado, poner todas las Navidades el que ha sido el mejor discurso del rey.: “Lo siento mucho, me he equivocado, y no volverá a ocurrir”. ¡Larga vidorra al rey!

Carlos Campano

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