Cambiando de sexo en familia

Llegan las familias con niños transgénero, lo último en familias “cool”:

Angelina y Brad tienen una niña que quiere ser John, Nacho Vidal, un niño que se hace llamar Violeta. Magic Johnson, Cher… Cada vez son más los famosos que apoyan públicamente el cambio de “género” de sus retoños. Series punteras como “Modern Family” anuncian a bombo y platillo la aparición de algún niño trans en sus episodios, y publicaciones de prestigio como National Geographic dedican monográficos a los niños cambiantes.

En definitiva, si no tienes un hijo con disforia de género, has fracasado como padre.

Y ante este desconcertante panorama, una familia de Michigan ha ido un paso más allá en la asimilación de la ideología de género: no sólo tienen un niño trans con miles de seguidores en Instagram, claro que sí; sino que, además, la mamá se ha dado cuenta ahora, después de 10 años de matrimonio y de parir 6 hijos, de que le gustaría ser un hombre.

Por supuesto, todos son muy felices y se quieren y se apoyan muchísimo. Hasta el papá afirma querer más que nunca a su mujer (sí, la que ya no quiere ser una mujer) y que todo eso de hormonarse y tal les ha unido más que nunca.

Millones de mensajes de ánimo llegan desde todos los rincones del planeta y los vídeos del día a día en la vida de la fabulosa familia transgénero arrasan en las redes.

Quienes no parecen estar muy de acuerdo con la locura transgénero infantil son las cada vez más numerosas voces que, desde la ciencia, avisan de los peligros de someter a los niños a tratamientos hormonales y operaciones innecesarias.

El Colegio Americano de Pediatría, ya ha manifestado que “la ideología de género es perjudicial para los niños”.

Según afirma el dr. Paul Mchugh (Jefe de Psiquiatría del Hospital John Hopkins), cuando una persona tiene la percepción subjetiva de que su “género” no corresponde con su sexo biológico, someterla a operaciones y tratamientos para modificar un organismo sano, resulta nocivo. Si el problema de un paciente está en su mente, no debe aplicarse tratamiento invasivo en su cuerpo para que éste tenga un aspecto acorde a su errónea percepción. Del mismo modo que a un paciente con anorexia nerviosa que tiene la percepción de tener sobrepeso, cuando en realidad está extremadamente delgado, no se le apoya en su errónea idea.

Los tratamientos hormonales presentan graves riesgos para la salud, tales como hipertensión, derrame cerebral o cáncer.

Además, según el DSM-V (la biblia de la medicina en la que incluso la OMS basa sus resoluciones), el 98% de los niños que creen ser niñas y el 88% de las niñas que se creen chicos, cambian de idea al alcanzar la edad adulta. Si a estos niños se les ha sometido a tratamientos irreversibles, les espera una vida de continuas depresiones y frustración.

Quizá sea ése el motivo de que el índice de suicidios en transexuales sea 20 veces superior al de personas cisexuales (aquellos que están conformes con su sexo). Índice que se da incluso en países como Suecia, donde el colectivo LGTB está completamente integrado y empoderado en la sociedad, por lo que no puede tratarse de un problema de discriminación.

Sin duda, el lobby LGTB parece empeñado en promover esta nueva moda. Además del apoyo de las instituciones y los medios, han conseguido que la homosexualidad y la transexualidad no sean considerados trastornos y sin embargo, que todo aquel que no aplauda sus desmanes, sea tachado de padecer algún tipo de fobia que, paradójicamente, sí constituye una enfermedad mental.

 

Ana Pavón

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