El editorial de la semana: La Europa que muere y la Europa que engaña

La sangre de los muertos y heridos aún está caliente en las calles de Berlín. Pero la preocupación de los medios de comunicación, de los contertulios, de la legión de convidados de las asociaciones integracionistas y de los políticos, de muy variado signo, no se centra en el drama que supone esta nueva matanza en el corazón de Europa.

A la casta biempensante le importa bastante poco los nombres y apellidos de los muertos – solamente en el caso de que alguno de ellos sea inmigrante, claro-. El gran desvelo de estos narcos de la imbecilidad es que, el nuevo atentado, suponga un impulso electoral para aquellas opciones críticas con la invasión de inmigrantes que padece, entre otros países europeos, Alemania.

“Hay que integrar a ese más de millón y medio de refugiados”, “este ataque puede ayudar al auge de la extrema derecha”, “el atentado se produce a unos meses de las elecciones” y toda una retahíla de sandeces perversas es lo que han vomitado, en esta ocasión, los voceros al servicio del modelo económico y político imperante.

El caso es que este caballo de Troya, que ha supuesto la política de puertas abiertas a la inmigración desbocada e incontrolada –enmascarada bajo la fórmula de los “refugiados” y el “derecho de asilo”-, ha abierto una trinchera en el seno de Europa.

De una parte quedan aquellos que mueren. Los que encuentran su final aplastados bajo las ruedas de un camión, los que son degollados y decapitados para mayor escarnio, los acribillados a balazos en un restaurante o una sala de conciertos, los descuartizados a hachazos en un vagón de tren, los despanzurrados por la explosión de una bomba o aquellas que son violadas masivamente por una jauría de perros del desierto. Se trata de la Europa que muere.

Y en la otra están quienes –en el goce del masoquismo y del suicidio social- justifican, de una manera u otra, todas estas situaciones de genocidio contra los pueblos de Europa. Son aquellos que piden una “nueva oportunidad para los yihadistas regresados”, las que abren alegremente sus vaginas a los recién llegados o prefieren refugiados violadores a fascistas, todos aquellos que les recibieron con flores y con los cartelitos de colores con el “refugees welcome”, los medios de comunicación que cocinan las noticias para que no se conozca la autoría de crímenes por parte de inmigrantes y, cómo no, los políticos que han abierto las puertas a esta auténtica invasión y destinan todo tipo de ayuda social a los inmigrantes en detrimento de sus propios ciudadanos. Esta es la Europa que engaña.

El atentado de Berlín ha vuelto a dar un bofetón a esos millones de europeos que siguen ceyendo en la integración, en el multiculturalismo y, en definitiva, en un mundo de piruletas arcoíris y del día del abrazo.

Cada vez serán más y más los europeos que despierten a golpe de bomba, bala, machetazo o cualquier otro medio por inverosímil que parezca. Y va ser así por mucho que se empeñen las campañas publicitarias de H&M, de Benetton, de Ikea o de cualquier otro imperio comercial desatado en su empeño de imponer un mundo amorfo, mestizo, de consumidores globales y en el exterminio inducido de las poblaciones autóctonas de Europa.

Redacción

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