El editorial de la semana: No habrá paz para los malvados… ni perdón

La astucia es algo que no se le puede negar a aquellos que, valiéndose de innumerables medios, vienen a predicar el evangelio de la nueva religión civil. Se trata de ese puñado de mandamientos irrefutables y blindados desde los medios de comunicación y por las élites socio-culturales. Ideología de género, proinmigracionismo, apología de la homosexualidad, multiculturalismo, ateísmo y algún supuesto hecho histórico cuya mera duda se encuentra dentro de lo punible.

Quienes no comulgan con esta nueva fe -expandida a base de vídeos, televisión, memes y teléfonos móviles- son condenados sin misericordia, en el mejor de los casos, al ostracismo y a la marginalidad social.

Nadie quiere ser tachado de machista, racista u homófobo. Los grandes pecados capitales creados por el nuevo dogma. Palabras lacerantes y descalificativos inapelables. Latigazos verbales que cortan cualquier conversación, argumento o intento de debate. Blasfemias imperdonables para los feligreses bienpensantes que fulminan cualquier duda sobre lo correcto o lo incorrecto, sobre lo viable o lo inviable, sobre lo moral o inmoral de aquello con lo que se sermonea, a todas horas, desde las marquesinas de los autobuses, vallas publicitarias, películas, publicidad, anuncios, series y programas.

Un lavado de cerebro colectivo digno de película de ciencia ficción y que viene a arrollar hasta la esfera más íntima y personal del individuo. Un trabajo de proselitismo y adoctrinamiento social al que se ha venido a sumar el vídeo promocional del Salón Erótico de Barcelona.

Lo que aparentemente es transgresor solamente puede calificarse como discurso dominante. Por grotescas que sean las afrentas a los sentimientos religiosos, por ofensivas que sean las secuencias de su metraje, por insultante que sea su título (“Patria”) el vídeo se enmarca dentro del discurso con que las élites, a nivel mundial, vienen a establecer pautas de comportamiento que van desde lo sexual a lo meramente comercial. No hay nada de revolucionario en él. Es un instrumento más, uno de tantos, en la lobotomía colectiva planetaria, de especial incidencia en Europa occidental. Una machacona y reaccionaria letanía revestida de modernidad y sensualidad.

Alguien que visualice el minuto y treinta segundos de “Patria” podría llegar a pensar que se trata de un vídeo electoral de Podemos o de la CUP. Y es que destila odio a España en todos y cada uno de sus segundos. Utilizando hábilmente realidades sociales y políticas de nuestro país, instrumentalizando tópicos y enarbolando ciertas banderas sus creadores han pretendido aguijonear nuevamente los cerebros de nuestros compatriotas. En este caso, envolviéndolo todo en un ambiente morboso lo que, dada la exaltación mediática-económica de las pulsiones sexuales, puede hacerlo incluso más atractivo.

Se puede estar a favor o en contra de las corridas de toros y se puede profesar o no la fe católica, pero estos apóstoles de estola arcoíris de “Patria” han tenido una intencionalidad absoluta y abiertamente antiespañola. Seguramente que son de aquellos que acogerían a un inmigrante subsahariano en su casa pero no quieren que sus impuestos contribuyan al desarrollo de Extremadura o de Andalucía, que no creen en las fronteras pero quieren levantar una entre Aragón y Cataluña o, también puede darse el caso, de sentirse españoles prescinden de España para acogerse a un vago y sectario concepto de república.

No puede haber paz ni perdón para estos doctrinarios al servicio de las élites económicas. No son merecedores de la comprensión que ellos niegan, entre la mofa y el escarnio, a quienes no piensan como ellos. Estos suministrad.ores de opiáceos deberán responder un día, ante la historia y ante nuestro pueblo, por el oscurantismo y perfidia que hoy predican e imponen.

Redacción

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