El editorial de la semana: La crisis de “LOS PERTURBADOS”

Hace un año la atención mundial quedó fijada en la denominada “crisis de los refugiados”. Esta sociedad necesita etiquetas para vender sus mercaderías. Tópicos, iconos, imágenes, frases y fórmulas para que, de una manera directa y efectiva, la opinión pública sea moldeada a gusto del poder, principalmente del poder financiero.

La utilización demagógica de la fotografía del niño ahogado en las costas del Egeo, Aylan Kurdi, dio la vuelta al mundo para remover las conciencias europeas. Sin ningún escrúpulo, los medios de comunicación instrumentalizaron la tragedia y el dolor.

Los centros de internamiento para acoger la avalancha migratoria se transformaron, para la terminología periodística, en “campos”. Las televisiones y periódicos predisponían toda la escenografía necesaria para llevar a la psique europea a la versión oficial de acontecimientos ocurridos hace ya muchas décadas. Trenes, alambradas, vías férreas, pastores alemanes, violines y masas humanas trasladándose penosamente por las castigadas tierras de Europa central. Un material perfecto para una nueva película de Steven Spilberg.

Los meses pasaron y los solicitantes de asilo, refugiados o, simplemente, inmigrantes terminaron su odisea en cualquier ciudad de nuestro continente. Muy pronto, ya en el mes de diciembre, las bobaliconas caras de quienes recibían a los refugiados y las flores de sus guirnaldas de bienvenida, se marchitaron en forma de violaciones masivas a mujeres europeas.

La Policía y los medios silenciaron esta aberrante tropelía hasta que el escándalo desbordó el muro del silencio. Pero pronto, muy pronto, ya hubo quien intentó buscar una justificación a la infrahumana conducta de esos solicitantes de asilo, o como se les quiera denominar. Se empezó a oír y leer una pequeña frase: “SON CASOS AISLADOS”.

Con el paso de los meses, y conforme se han ido multiplicando los atentados terroristas o crímenes comunes perpetrados por musulmanes, los medios han dado con una nueva fórmula: “LOS PERTURBADOS”.

Cuando un tunecino cercenó con un camión la vida de más de ochenta personas, los medios especularon con que el autor era un “individuo en tratamiento psiquiátrico”. Cuando un afgano la emprendió a hachazos en un vagón de tren, tras haber jurado fidelidad al Estado Islámico, televisiones y periódicos sembraron la duda sobre las condiciones mentales del carnicero. Cuando un iraní con nacionalidad alemana, auxiliado por un afgano, acribilló a balazos a varias personas que se encontraban en un centro comercial, los voceros de la corrección afirmaron que se trataba de “un joven perturbado”. Como también ha sido un perturbado el somalí musulmán, con nacionalidad noruega, el que ha asesinado a una norteamericana y acuchillado a varias personas más en Londres.

Son tantos y tantos los casos de “PERTURBADOS” que, desgraciadamente, muchos empiezan a caer ya en el olvido. Una curiosa esta forma, la de “LOS PERTURBADOS”, para intentar encubrir el caos en política migratoria  que Europa está sufriendo. Un manoseado eufemismo que pretende ocultar la inviabilidad de la multiculturalidad.

Redacción

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *