El editorial de la semana: Matanza en Múnich, entre el dolor y el asco

La tarde del viernes los europeos volvimos a ser sobresaltados con una noticia referente a una nueva matanza. Esta vez le tocaba el turno a la ciudad bávara de Múnich, en Alemania. Pocos días antes, en la misma Baviera, un refugiado afgano la había emprendido a hachazos –al grito de Alá es grande- con los pasajeros de un tren. Y la sangre de las personas atropelladas y despedazadas por el yihadista del camión aún estaba siendo limpiada de las calles de Niza.

La inseguridad que actualmente se padece en las calles de nuestras ciudades nos acerca peligrosamente a escenarios temibles. Las ciudades de Europa se van pareciendo cada vez más a las de Oriente Medio. Gritos, muerte y dolor cuya primera causa no es otra que el MULTICULTURALISMO.

Sin embargo, las primeras informaciones hacían ya sospechar que el “modus operandi” de la masacre no se ceñía al esquema clásico del terrorismo yihadista. Fue entonces cuando los grandes medios de comunicación, los voceros del modelo económico y político, dieron rienda suelta a sus especulaciones. “Si no son yihadistas, han de ser ultraderechistas”, pensaron. Y de esta manera su fétida y descomunal maquinaria se puso en marcha.

Algunos medios, como el diario monárquico de la caspa –hablamos del ABC-, apuntaban, con grandes titulares, a “la pista ultraderechista” y al “móvil xenófobo”. Nos imaginamos a los realizadores de los informativos preparando, a toda prisa, vídeos y cuñas en las que los desfiles de los yihadistas del Estado Islámico en Siria e Iraq se superpondrían a los celebrados en la ciudad de Núremberg en los años treinta. Las imágenes del califa Abu Bakr al-Baghdadi serían solapadas con las de Adolf Hitler y las de los refugiados se acompañarían de un desgarrador violín y vías férreas en blanco y negro.

Los carroñeros de la información creían tener lo que tanto desean: una masacre perpetrada por patriotas europeos. Las redacciones de los grandes diarios echaban humo. Los artículos de opinión y los editoriales habían cargado sus armas con toda la munición posible. “El totalitarismo del Estado Islámico y el totalitarismo ultraderechista”, “las sangre de las víctimas se une”, “Europa contra su pasado” y toda una retahíla de sandeces semejantes esperaban, en informativos y rotativas, la orden de fuego a discreción.

Sin embargo, para disgusto de las hienas de los medios, la Policía merkeliana no pudo mantener por más tiempo el caos y la desinformación. Finalmente tuvo que reconocer que no había tres tiradores, solamente había uno, y que éste se llamaba Alí Sonboly, un iraní con nacionalidad alemana, de 18 años, con problemas mentales y –según la Policía- sin vínculos con el yihadismo.

Suponemos que de haber sido el autor de la matanza un ultraderechista y no un iraní, la noticia seguiría -durante días o semanas- abriendo los informativos y ocuparía la primera plana de los periódicos. Los parlamentos, casi al unísono, tomarían una serie de medidas legislativas contra el “auge de la extrema derecha”. Los presidentes y jefes de Estado celebrarían una cumbre europea para fijar una política común. Ahí tienen el modelo a seguir que les está proporcionando su respetado homólogo Erdogan. Puede que incluso el papa Francisco, como acto de contrición colectivo, realizase una visita relámpago a determinados lugares ubicados en Polonia.

Esta nueva masacre en las calles de una ciudad europea ha puesto de manifiesto, una vez más pero esta vez de manera descarada, la forma con la que las fuerzas del orden y los medios cocinan y administran la información. Dados los precedentes de las violaciones masivas en Colonia, únicamente podemos calificar como más que sospechoso el llamamiento de la Policía germana a “no difundir imágenes ni vídeos”. ¿No querían que se mostrasen el vídeo en el que un vecino le llamaba al asesino “extranjero hijo de puta”?, ¿no querían que, desde el primer momento, se viese que el asesino presentaba un aspecto totalmente oriental?

En esta misma línea, las autoridades francesas quieren que se borren las imágenes, captadas por las cámaras de seguridad, de la matanza de Niza. ¿Qué clase de nueva censura se cierne sobre los europeos?, ¿la censura de la democracia? Todas aquellas informaciones, todos aquellos vídeos, todas aquellas imágenes que inmortalicen la barbarie que estamos sufriendo los europeos deben ser un testimonio para la historia. Y a ello instamos a la ciudadanía. Hoy en día se obliga a los niños en las escuelas a ver vídeos y fotografías de fallecidos en conflictos concluidos hace más de setenta años, pero se van a borrar las imágenes –reales sin discusión alguna- de niños coetáneos suyos asesinados. ¿A qué clase de esperpento estamos asistiendo?

Por otra parte, los medios y el modelo económico y político están demandando un atentado perpetrado por un patriota europeo. Aún recordamos el confuso y oportuno asesinato de la diputada Jo Cox a pocos días del referéndum del “Brexit”. Ante el avance de fuerzas políticas y sociales críticas con la inmigración, o abiertamente contrarias a ella, el poder financiero y su sucursal política-parlamentaria necesitan carnaza. Es casi seguro que más de un servicio de inteligencia o cualquier otra dependencia de las cloacas del Estado estén trabajando en ese sentido. Una nueva strage di Bologna les vendría como anillo al dedo.

Desde Despiertainfo alertamos a la ciudadanía contra determinados individuos que pueden instar a cometer actos de violencia contra ciertos colectivos. Por regla general, esos inductores e instigadores trabajan para elementos oscuros o para alguna de las porquerizas anejas al poder económico y político. Por mucho dolor o rabia que se sientan, ante los atentados que están asolando Europa, la única violencia que en estos momentos se debe utilizar es la de la legítima defensa. Los europeos no debemos huir, como nos instan nuestros gobiernos, ante un atentado y debemos enfrentarnos a los asesinos. Pero no es momento de venganzas ni de violencia más o menos indiscriminada, es el momento de la lucha política y social.

Es algo mucho más que probable que los europeos un día tengamos que tomar las armas en la defensa de nuestro pueblo. Pero lo haremos como lo hicimos a lo largo de nuestra historia: formando ejércitos de caballeros de bruñidas espadas y relumbrantes banderas y no en bandas de sucias ratas asesinas.

Redacción

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