POSTUREO PROTESTA, LA ÚLTIMA MODA EN ACTIVISMO DEMÁGOGICO

Los disturbios raciales sucedidos en diferentes ciudades de EEUU la pasada semana nos han dejado, además de 200 detenidos y multitud de saqueos y destrozos, una nueva entrega de lo que ya se ha convertido en folclore reivindicativo: la foto de un miembro de una minoría oprimida frente a la policía.

Desde la guerra de Vietnam hasta los disturbios del jueves pasado, una serie de fotos que cada vez disimulan peor ser casuales, se han ido convirtiendo en iconos universales de la lucha contra la opresión. Como norma general, estas imágenes, fingidamente fortuitas, muestran a una mujer menuda, desarmada y de aspecto frágil, plantando cara a hombres uniformados, fornidos y pretendidamente malvados, ya sean policías, militares o militantes de alguna organización patriota, tres ejemplos de grupos demonizados hasta el absurdo por los movimientos libertarios, que monopolizan una supuesta lucha por los derechos civiles.

Esta vez, la nueva superheroína mundial es Leisha Evans, una joven de raza negra que decidió acudir a la manifestaciókn en protesta por las muertes de Alan Sterling y Philando Castile.

Posiblemente, el hecho de que Leisha acudiera a una de las múltiples protestas que llevaban días celebrándose y terminando en disturbios, ataviada con un vaporoso vestido largo de espalda descubierta, podría pasar ante cualquier observador como un simple error de elección de indumentaria. Pero si además tenemos en cuenta que para que Leisha se presentara tan divina ante esos dos terribles antidisturbios, tuvo que dejar a su hijo pequeño en Nueva York, donde ambos residen, y viajar nada menos que 2.200km hasta Baton Rouge, la cosa cambia.

Recorrió, aproximadamente, la distancia de Madrid a Berlín, vestida como para dar un paseo por la playa, para acudir a una manifestación y plantarse, «por casualidad» frente a la policía, llevando en la mano sólo el móvil y las llaves de casa.

La glamurosa foto se hizo viral inmediatamente. Las redes sociales se han llenado de loas y alabanzas pelotilleras a la nueva reina de las minorías pisoteadas, y los montajes en los que podemos ver a Leisha respaldada por Luther King, Malcom X o el mismísimo Jesucristo, aparecen hasta en la sopa. Millones de negros ensalzando el valor de la muchacha por ¿estar de pie? y de blancos flagelándose por haber nacido blancos y no poder ser un poquito víctimas de algo, como la gente de otros colores.

Por supuesto, de aquellos disturbios existen miles de fotos además de la de Leisha, pero sus protagonistas no debieron pasar el casting de superhéroes de la humanidad, ya que aparecer con semblante amenazante, encapuchado o lanzando piedras, no tiene el mismo tirón en Twitter.

Más allá de demagogias, posados robados y casting de super iconos progresistas, la realidad en EEUU es que la sociedad multicultural ha fracasado. A pesar de que la población blanca supone casi el 80% del total y la negra el 13%, más de la mitad de los delitos son cometidos por estos últimos, y sobre todo en regiones donde la población es racialmente más heterogénea. Y a pesar de que los hastag de moda como #blacklivesmatter tratan de hacer ver otra cosa, la práctica totalidad de los asesinatos de personas de raza negra, son cometidos por otros negros.
Estos datos no son trend topic, ni salen de una foto manipulada. Son datos extraídos de estudios serios de instituciones que están muy lejos de poder ser consideradas racistas (Ver: Uniform Crime Reports o National Crime Victimization Survey)

Ana Pavón

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