El editorial de la semana: Con nuestra gente o contra nuestra gente

Hace una semana comentábamos el escaso eco que en la prensa ha tenido el pucherazo electoral de Austria. Los grandes medios han pasado de puntillas por el bochornoso fraude que, muy probablemente, ha arrebatado la presidencia de Austria a una formación política crítica con la inmigración y la UE, el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ).

No hace más de mes y medio, a finales de mayo y con motivo de la visita a Hiroshima del presidente Obama, reflexionábamos sobre la forma con la que los medios diferencian entre muertos de primera y de segunda clase. Los de segunda clase son los millones de víctimas que las democracias parlamentarias han sembrado, mediante todo tipo de conflictos, a lo largo y ancho del mundo. Las víctimas de primera clase son aquellas cuya utilización responde a los intereses del modelo económico y político, llegando incluso su memoria a estar salvaguardada por el Código Penal.

El tratamiento mediático al reciente atentado terrorista en Dallas, perpetrado por un individuo de raza negra, no queda exento de la arcada y del asco. Radios, televisiones, periódicos y contertulios se han  esforzado en contribuir a la confusión.

En primer lugar, y a modo de justificación, se hacía referencia a las recientes muertes de dos sospechosos de raza negra cuando la Policía se disponía a su detención. Al parecer, en los Estados Unidos, y según los medios, se sigue linchando alegremente a los afroamericanos. Nos quieren hacer creer que la Policía se dedica a hacer ejercicios de tiro con individuos de esta raza. Pero lo que suelen ocultar es que siendo un 15% de la población del país,y una de las minorías más conflictivas, el porcentaje de personas de raza negra muertas por la Policía en el año 2015 fue el 25% del total, 258 sobre 990 individuos abatidos. Es decir, no estamos ante ningún dislate estadístico.

En segundo lugar, han minimizado la matanza. Han dicho en voz muy baja, que el autor de la masacre, Micah Johnson, expresó sin componendas que «quería matar blancos». Recapitulando, podemos aseverar que los medios han ocultado un acto de racismo contra los estadounidenses blancos, una muestra terrible de violencia racial perpetrada, esta vez, por un individuo negro.

No sabemos si, dado este ir y venir de informaciones y noticias, los lectores de DESPIERTAINFO recuerdan la masacre de la iglesia metodista de Charleston, en junio de 2015. Dylann Roof acabó, en otro condenable atentado, con la vida de nueve afroamericanos.

Los ecos de las condenas mundiales al racismo retumbaron en la bóveda celeste, el velo del templo se rasgó y Obama no descansó hasta que la bandera de la Confederación de Estados Americanos fue arriada  del capitolio de Carolina del Sur.

Nosotros hoy queremos levantar la vieja bandera de batalla confederada. No como un símbolo de esclavitud, sino como un símbolo en defensa de nuestras comunidades, de nuestra forma de vida y de nuestra gente.

Son las poblaciones blancas -autóctonas en Europa Occidental o descendiente de los colonizadores en Norteamérica- las que padecen los daños, cuando los efectos del multiculturalismo se desbordan.Es nuestra gente la que es acribillada a balazos en una sala de conciertos en París, es nuestra gente la que es despedazada por una bomba en un aeropuerto en Bruselas, es nuestra gente la que teme utilizar el transporte público por miedo a un atentado. Es nuestro pueblo el que, a causa de gobiernos mezquinos y medios de comunicación narcotizantes, está peor preparado ante el escenario que se avecina.

Aquellos que creemos en la libertad y soberanía de las naciones frente a los mercados, aquellos que creemos en la diversidad humana frente al mestizaje impuesto por  Coca-Cola y la Fox, aquellos que creemos en la voluntad de los pueblos frente al imperio de los poderes financierosdebemos estar preparados. Hay que hacer frente al problema que se avecina, debemos articular la respuesta civil y ciudadana a las falacias de los medios y a la felonía  de los gobernantes vendidos.

Redacción

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