Colapso de la política exterior turca: el sueño otomano de Erdogan se desploma

Recep Tayyip Erdogan, primer ministro de Turquía entre 2003 y 2014 y –desde ese mismo año- Jefe de Estado, tenía un sueño: devolver a su país la preponderancia en la política exterior del convulso Oriente Medio. Y todo ello, dentro de una línea islamista moderada que apostaba por ciertos toques identitarios frente a la ya tradicional occidentalización del país. Una dificilísima ecuación que Erdogan no ha sido capaz de despejar.

Tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, los restos del Imperio Otomano se transforman, bajo el liderazgo de Mustafá Kemal Atatürk (“Padre de los turcos”), en la República de Turquía. Con una rígida tutela del estamento militar, el Estado turco se embarca en una carrera hacia el laicismo y la occidentalización, que incluso le lleva a sustituir el tradicional alfabeto turco otomano –derivado del árabe- por una versión del alfabeto latino.

En política internacional, Turquía es admitida en la OTAN en 1952 como freno ideal a una hipotética expansión soviética más allá del Cáucaso. Turquía da la espalda a Oriente Medio y fija su vista en la entrada en el Mercado Común Europeo (posteriormente CEE y ahora UE). Ni las siempre difíciles y tensas relaciones con Grecia, ni la invasión de Chipre  ponen en cuestión la vital importancia de Turquía como socio del bloque occidental.

El terremoto que supuso la invasión de Irak por los Estados Unidos en 2003, da el pistoletazo de salida hacia una política exterior turca independiente. De hecho, Erdogan -que no era primer ministro durante los preparativos bélicos pero sí tenía ya la mayoría parlamentaria- veta la posibilidad de que los estadounidenses invadan Irak desde el norte y la utilización del espacio aéreo turco para atacar al país árabe.

Erdogan inicia un acercamiento a Hamas que le llevará al enfrentamiento con su antiguo socio: el Estado de Israel. Turquía mantenía, desde la Guerra Fría, unas relaciones preferenciales con la entidad sionista Éstas saltaron por los aires en 2010,  tras el ataque hebreo a una flotilla turca -que trasladaba ayuda humanitaria a Gaza- y la consiguiente muerte de 10 ciudadanos turcos.

Al calor de la denominada  Primavera Árabe, el líder turco apuesta entonces por la organización opositora más fuerte en varios países de la zona: los Hermanos Musulmanes. La victoria electoral de Mursi en Egipto pareció darle alas. Pero la defenestración de los Hermanos Musulmanes en el país de las pirámides, tras el golpe de Estado de Al-Sisi, truncó las esperanzas turcas de hacerse con un aliado de 90 millones de habitantes.

Pero el auténtico talón de Aquiles de la política exterior de Erdogan ha sido su inexplicable postura en el conflicto sirio. Las fluidas relaciones bilaterales entre Turquía y Siria, que incluso firmaron en 2004 un tratado de libre comercio, se van al traste con el apoyo de Erdogan a diversos grupos terroristas y con la hostilidad manifiesta hacia el Gobierno de Ál-Ásad.

Turquía inicia desde 2011 una desconcertante carrera hacia ninguna parte, la cual le ha llevado a las puertas de una guerra a escala regional. Apoya, en un primer momento, al autodenominado Ejército Libre Sirio. Tras la desaparición de éste, proporciona cobertura al Frente Al Nusra (Al Qaeda en Siria) y a otros grupos yihadistas. La irrupción del Estado Islámico no es mal vista por Erdogan, el cual considera al Califato como un contrapeso ideal a la expansión de las milicias kurdas en el norte de Siria y a la autonomía kurda del norte de Irak. Incluso, el petróleo que los terroristas del Estado Islámico expolian en Siria va a parar a Turquía y al contrabando turco.

Todo este sinsentido está jalonado de incidentes militares con el Ejército sirio. Sin embargo, el punto culminante de esta estrategia de la tensión es el derribo, en noviembre de 2015, de avión de combate ruso Su-24. La pertenencia de Turquía a la OTAN la salva de represalias militares rusas, pero no la dispensa de los efectos de las sanciones económicas impuestas por Putin.

Con las milicias kurdas ocupando prácticamente la totalidad de la frontera turco-siria y con la posibilidad de la formación de un Estado kurdo, con un terrorismo al alza que está destruyendo el vital sector turístico turco, con la hipotética entrada en la UE en un horizonte aún muy lejano, Erdogan ha despertado de su sueño y los turcos están pagando con sangre la errática política de su presidente en Siria.

En esta semana el mandatario turco ha tendido la mano a Netanyahu y a Putin. Turquía no puede mantener por más tiempo esta aventura y busca congraciarse con sus antiguos socios.

Queda por ver si Erdogan asume su fracaso o, en un último puñetazo sobre la mesa y mortal canto de cisne, implica bélicamente a Turquía en la guerra siria. Las consecuencias de esta opción, en absoluto descartable, podrían ser catastróficas en toda la región, con la implicación abierta de varios países en la contienda. Las repercusiones de la misma, a nivel mundial, serían igualmente funestas.

Miguel Sardinero

Un comentario en “Colapso de la política exterior turca: el sueño otomano de Erdogan se desploma

  • el 23 julio, 2016 a las 8:03 am
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    Es cuestión de tiempo, y poco en el que la ciudadanía europea tome iniciativas drásticas contra el Islam, unos pocos atentados más ( Que habrá con absoluta certeza) y empezara lo inevitable. Si el estado es incapaz de defenderte…Bueno el estribillo de la Marsellesa lo deja muy claro: » Aux armes, citoyens ! Formez vos bataillons ! «

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