Editorial especial: Lección británica

Ni los apocalípticos augurios de las élites políticas internacionales (encabezadas por Georges Soros y Bill Gates), ni las presiones de las multinacionales, ni el alocado apoyo de vedetes y celebridades de todo pelaje, ni la instrumentalización del –mira qué casualidad- asesinato de la parlamentaria inmigracionista Jo Cox, ni toda la campaña mundial de presión sobre los británicos para que votaran a favor de la permanencia han doblegado la voluntad de éstos de recuperar su independencia.

La victoria de los partidarios de la salida del Reino Unido de la Unión Europea es todo un símbolo. Un símbolo para aquellas personas que siguen creyendo en la libertad y en la soberanía de sus países, frente a entramados burocráticos y economicistas internacionales. Un tinglado, en este caso la UE, cuya viabilidad y eficiencia queda diariamente en entredicho.

No podemos valorar de forma fidedigna los efectos del resultado del referéndum británico. Probablemente, las cosas no van a cambiar ni de la noche a la mañana, ni lo oscuro se tornará en claro. Pero es evidente que, más que un toque de atención, la victoria del “Brexit” ha supuesto una auténtica bofetada al modelo económico y político planetario. Como decíamos antes, es un símbolo de la libertad frente al miedo. Y son símbolos, además de las voluntades, los que se requieren para emprender transformaciones y cambios profundos.

La victoria de los partidarios de la independencia de Reino Unido supone un NO a Bruselas y a sus burócratas, un NO a la pérdida de soberanía y un NO a la política suicida de puertas abiertas a la inmigración. Y es esta victoria, es su significado profundo y más allá de sus efectos prácticos, lo que ha producido un shock traumático entre los paniaguados y bien pensantes de todo el planeta.

Derecha e izquierda cerraron filas en torno a la permanencia, Cameron y Corbyn. En España han apoyado el Remain Rajoy, Sánchez, Rivera y hasta Pablo Iglesias. Obama también aportó su granito de arena.

Sin embargo, los partidarios del “Brexit” no han contado con apoyos internacionales, los partidos políticos que lo han apoyado son los minoritarios o, como en el caso conservador, algunas facciones de los mismos. Es decir, ha sido la victoria de la gente, la victoria del pueblo frente al aparato del régimen.

Bastaba echar un vistazo a las grandes cadenas informativas para ver, según avanzaban los resultados, las caras largas de los partidarios de la permanencia se repartían entre personas con importantes intereses económicos y, también, entre una pléyade de políticos, analistas, sociólogos y periodistas cuya tez no era precisamente la que debían tener Ricardo Corazón de León o la Reina Victoria. Ni el cosmopolitismo de las grandes urbes, con ese gran pozo negro del multiculturalismo que se llama Londres, ha podido frenar la victoria de la soberanía británica.

En Grecia, Alexis Tsipras lo tuvo todo de su parte para haber dado el paso que los británicos han dado: mayoría parlamentaria y un pueblo entregado por un referéndum en el que arrasó. Sin embargo, no supo estar a la altura de las circunstancias históricas. Han sido los británicos los que, de forma más reñida y comedida, hoy nos han dado una auténtica lección.

Redacción

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