Carteles del orgullo gay con niños y virgenes lesbianas

En el cartel de la fiesta del orgullo gay de Sevilla, se  muestra una escena en la que aparecen varias parejas homosexuales a los pies de las columnas de La Alameda de Hércules, además de un niño.

Esta no es la primera vez que aparecen niños en carteles de esta temática. Ya en 2012, en el cartel de «el orgullo del sur», también en Sevilla, aparecía un bebé de espaldas entre varios personajes, que mostraban actitudes muy poco decorosas.

El hecho de que las instituciones y las organizaciones LGBT insistan en colocar menores en su propaganda parece poco oportuno, sobre todo teniendo en cuenta que algunos líderes políticos y otras personalidades, que promocionan efusivamente esta celebración, se han manifestado contrarios a mezclar, por ejemplo, infancia y ejército (recordemos el episodio protagonizado por Ada Colau y unos mandos de las Fuerzas Armadas en el Salón de la Enseñanza), o incluso se han indignado al aparecer fugazmente una bandera española en una serie de dibujos animados (a Jordi Evole le molestó que se mostrara una bandera española, en el canal infantil Clan).

Parece ser que los valores castrenses o la propia bandera son negativos para la infancia, pero una macrofiesta que promociona el sexo deshinibido, no.

Los carteles promocionales de dichas jornadas en Valencia tampoco han quedado exentos de polémica, al aparecer en ellos una ilustración que muestra un beso lesbico entre La Virgen de los Desamparados y La Virgen de Montserrat.

Resulta paradójico que una organización pida respeto mientras pisotea las creencias de los demás. También es curioso que se ridiculice a dos figuras sagradas para la cultura católica y se hable de opresión religiosa, cuando, a día de hoy, en España, no existe obligación alguna de profesar tal fe, ni de seguir sus preceptos. No ocurre lo mismo con otras religiones, cuyos iconos y símbolos sagrados son siempre respetados por las organizaciones LGBT, a pesar de que en algunos países donde dichas religiones son oficiales y obligatorias, la homosexualidad se castiga con la muerte.

El empeño por hipersexualizar a los niños y mofarse de la cultura tradicional, unido a las diferentes opiniones de supuestos «expertos» de las que se han hecho eco en algunos medios, afirmando que la pedofilia no es una actitud que haya que discriminar socialmente, puede hacer saltar las alarmas sobre un posible acercamiento a dichas prácticas. Por no hablar de otras aún más descabelladas, como el llamado «amor entre especies», tendencia también defendida en los últimos tiempos. Aunque, al parecer, no existe relación probada entre la defensa del amor interespecial y la aparición de un perrillo en el cartel del orgullo gay de Sevilla.

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Ana Pavón

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