¿ALTERNATIVA PARA ALEMANIA?

Pasada la resaca de las elecciones en los Länder alemanes de Sajonia-Anhalt, Baden-Wurtemberg y Renania-Palatinado, llega el momento de realizar un análisis menos dramático del gran vencedor en los comicios, el partido Alternativa para Alemania (AfD).

Tras conocerse el escrutinio, los grandes medios de comunicación han vuelto a agitar los viejos fantasmas de la xenofobia en Alemania. Periódicos, televisiones y radios han repetido, hasta casi el agotamiento, la sempiterna frase del “auge de la extrema derecha”. A algunos les ha faltado poco para vaticinar desfiles con antorchas bajo la Puerta de Brandeburgo.

Pero más allá del sensacionalismo periodístico, cabe preguntarse qué es Alternativa para Alemania, quiénes son sus principales líderes y cuál es su programa.
El partido nació a principios del 2013 y en tres años ha logrado entrar en los parlamentos regionales de Sajonia, Turingia, Brandeburgo, Hamburgo, Bremen, Sajonia-Anhalt, Baden-Wurtemberg y Renania Palatinado. Cuenta con siete eurodiputados y, según todas las encuestas, rebasará más que con creces el 5% requerido para acceder al Bundestag, en las próximas elecciones federales de agosto de 2017. Un éxito incontestable.

En el meteórico ascenso de AfD podrían distinguirse dos fases. En la primera, bajo la dirección de Bernd Lucke y con un mensaje euroescéptico, logra abrir paso al partido hacia varios parlamentos regionales. En la segunda, tras la marcha de Lucke en julio de 2015 y bajo la dirección de Frauke Petry y Jörg Meuthen, AfD ha aglutinado el descontento popular ante las políticas de asilo y de puertas abiertas a la inmigración, de la canciller Angela Merkel.

El grueso de los dirigentes de AfD proviene de los cuadros del partido de Angela Merkel -la CDU (Unión Demócrata Cristiana)- y del liberal FDP (Partido Democrático Libre). Berdn Lucke, Frauke Petry, Jörg Meuthen, Alexander Gauland, Albrecht Glaser, entre otros, dieron sus primeros pasos en política en partido conservador CDU. Otras personas con peso en el partido, como Beatrix Von Storch, lo hicieron en el FDP.

De manera simple se viene adscribiendo a AfD a la extrema derecha. Cualquier partido o político que llegue a cuestionar o replantearse el problema de la inmigración es estigmatizado, por los medios acomodaticios de la corrección política, como xenófobo y ultraderechista, entre otros calificativos. Sería más correcto definir a AfD como una formación de corte liberal en lo económico y conservadora en lo social. Haciendo un símil fácil de entender para el lector español, podría tratarse de un “VOX” a la alemana pero con un enorme éxito electoral, claro.

AfD no aboga, como proclaman gratuitamente los medios, por una salida de Alemania de la UE. Sí rechaza la moneda única para toda la UE, pero no deja de contemplarla para países con la misma estabilidad económica que Alemania.

En el marco de las relaciones internacionales, AfD considera a la OTAN como un elemento básico para la seguridad transatlántica, haciendo guiños a Rusia como importante actor en la lucha contra el terrorismo.

En el ámbito de las políticas familiares viene a rechazar la ideología de género, proponiendo el reforzamiento de la institución familiar.

Respecto a la cuestión de la inmigración y el asilo, y al hilo de la llamada “crisis de los refugiados”, AfD sostiene que Alemania necesita inmigrantes pero exige un mayor control en las fronteras. En varias ocasiones Frauke Petry ha afirmado que el Islam no forma parte de Alemania, pero sí las personas que profesan dicha religión.

Nada en el programa de AfD parece que pretenda cambiar el actual régimen constitucional alemán o que suponga una alternativa al mismo, limitándose a proponer una política de referendos tal y como vienen celebrándose en Suiza.

En el marco económico, AfD es un partido liberal más. Incluso su rechazo al TTIP no se centra en cuestiones de fondo, sino de forma y procedimientos. La propia Petry ha intentado marcar distancias con Marine Le Pen, a la cual considera “de corte socialista” en lo económico. Por el contrario, ella misma se define como liberal-conservadora. En el Parlamento Europeo, AfD forma parte del grupo Conservadores y Reformistas Europeos y no del grupo Europa de las Naciones y la Libertad, de Marine Le Pen y Geert Wilders.

Alternativa por Alemania no deja de ser una nueva forma de conservadurismo neoliberal, con un oportunista barniz de matizado rechazo a la inmigración. Un partido político nuevo con fórmulas más bien viejas, que le ha ganado con rotundidad la partida a la opción netamente contraria a la inmigración en Alemania, el NPD.

Cabe la posibilidad de estar asistiendo a un nuevo fenómeno en la derecha del espectro político europeo, el cual ya hemos visto en la izquierda. Syriza, en Grecia, logró el sorpasso adelantando al Partido Socialista y al Partido Comunista. En España, Podemos se ha quedado a un par de centenares de miles de votos de rebasar al PSOE, estando a punto de enviar fuera del parlamento a Izquierda Unida.

En la derecha, puede que Frauke Petry sea una dura competidora para Merkel y que, si la política de puertas abiertas y el caos migratorio continúan en el país germano, un día veamos a la AfD por encima de la CDU. Incluso en Francia hay voces próximas al Frente Nacional, como Guillaume Faye, que acusan a Florian Philippot y a sus políticas sociales de ser un lastre para el FN. El escritor y ensayista galo considera que las posturas en materia económica de Philippot, suponen cerrarse el camino hacia el electorado de derechas. Califica el programa económico del Frente Nacional, impulsado por Philippot, como “retrógrado socializante y estatista”, estimando erróneas las críticas a la UE, al euro y a Bruselas. En un encendido artículo, Faye llega incluso a acusar al vicepresidente del Frente Nacional de ser un agente infiltrado del sistema para neutralizar al FN. Anuncia Guillaume Faye una futura batalla política, de la cual estaremos muy atentos, entre el sector neoliberal del FN y el sector social de dicho partido.

¿Alternativa para Alemania o alternativa en la derecha liberal-conservadora alemana? El tiempo, muy pronto, nos lo dirá.

Miguel Sardinero

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