Arcadas.

En la última performance de Arco, un artista peruano paseó por todo el recinto ferial a un refugiado sirio en calzoncillos haciendo el «moonwalker».

La evolución del arte en los últimos años resulta cada vez más desconcertante. Pero si echamos la vista atrás y comparamos cualquier etapa anterior del arte occidental con el «arte» contemporáneo recogido en las muestras de Arco, podríamos incluso llegar a la conclusión de que el arte actual es, simplemente, una bazofia.

La última «performance» que ha recogido la afamada exposición ha resultado difícil de entender hasta para los mismos expertos en este tipo de expresiones artísticas. El artista peruano Iván Sikic se dedicó durante 4 horas a ir pegando pequeñas láminas de oro sobre el cuerpo de un señor sirio, que a su vez iba en calzoncillos y caminando hacia atrás.

Con tan singular representación, Sikic pretende llamar la atención sobre la situación de los refugiados que llegan a Europa.

Pero el arte reivindicativo del señor Sikic va más allá. En la muestra se expone una pieza que, según su autor, también guarda relación con el mismo tema: un cubo de cristal medio lleno con agua del Mediterráneo. En él flota una botella de agua recubierta con oro de 24 quilates: en su interior, agua fresca, aire y una moneda de 5 céntimos. Su precio: 3.000 euros.

Desde la óptica de alguien sin sensibilidad alguna para el arte contemporáneo, puede parecer un poco ridículo pasear a un señor en calzoncillos por una feria de arte. Puede que para los profanos en las performances de vanguardia, resulte hipócrita buscar durante meses en las redes sociales a un estudiante sirio del gusto del señor Sikic, en lugar de elegir entre los miles de refugiados que viven en campamentos. Podría parecer más coherente que el señor Sikic alojara a todos los refugiados en su país, Perú. Que demuestre su implicación en la tragedia donando los beneficios de la venta de sus obras a organizaciones que ayudan a los niños sirios, o mostrando su apoyo al gobierno sirio, acosado por el E.I.(y quienes lo financian) y por la comunidad internacional.

Posiblemente, algunos opinen que su arte tiene poco de comprometido y mucho de oportunista. Que tasar un cubo con agua y una botella en 3000€ resulta de una flagrante desvergüenza, o que llamar artista a éste señor es insultar a todos los verdaderos artistas de la historia, desde los «grafiteros» prehistóricos de las cuevas de Altamira, hasta las bailarinas del Bolsoi.

Pero todo eso son opiniones de tristes mortales que no han recibido el don de entender el arte contemporáneo.

Ana Pavón

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *