Caso Blanquerna, el honor frente a la traición

El conocido como Caso Blanquerna llega hoy a su fin, tras un juicio de 10 días contra 15 patriotas españoles que el 11 de septiembre de 2013, día de la Diada entraron en el Centro Cultural Blanquerna de Madrid -autoproclamada Delegación de Gobierno de la Generalitat, según los separatistas catalanes- para hacer constar su malestar como españoles ante la traición separatista y las ofensas continuas a España, su unidad y su historia.


El juicio, al menos mediático, ya empezó desde el primer momento y aunque se ha acrecentado desde el pasado día 18 con el inicio de las declaraciones e intervenciones de los imputados, defensores y acusadores, en el juicio de cualquier persona imparcial está el que las penas que se han solicitado para los 15 imputados son del todo desorbitadas y los delitos de los que se les acusa suponen un agravio comparativo ante los impunes continuos ataques y ofensas a la unidad de España de una gravedad incomparable tanto en la forma como en el fondo a la apología del terrorismo separatista, la quema de banderas de España y los insultos a otros símbolos de nuestra Nación como es el himno, aunque estas ofensas se permitan ante la presencia de un presidente de gobierno o de un rey.


Por acción u omisión son los acusadores y no los ahora imputados, los que debieran sentarse en el banquillo para ser juzgados por delitos de lesa patria. En diferentes culturas y épocas históricas los dirigentes de Estados o naciones solían identificar acciones de individuos contrarias a los intereses de la Patria, o a los derechos e intereses de sus ciudadanos y en la mayoría de los casos, esos actos de “traición nacional” se pagaban con el exilio o con la muerte.


Hoy en “este país”, del que muchos se avergüenzan hasta de llamar por su nombre, veremos si una vez más se premia la traición y se condena el honor.

 

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Jorge G.

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